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¿Manejás tus presiones o vivís en modo queja?

2022-01-14 14:19:40

¿Manejás tus presiones o vivís en modo queja?
En la actualidad, el ritmo de vida que llevamos implica un estrés constante para todos quienes formamos parte de esta sociedad. Desde una madre o un padre en la crianza de sus hijos, con sus obligaciones cotidianas, hasta un trabajador asalariado de quien depende toda una familia o un jubilado que intenta vivir mejor. Si prestamos atención, es muy usual hablar de diferentes tipos de presiones: presión “fiscal”, presión o pressing deportivo, presión atmosférica, la olla de presión, presión arterial, etc. Es decir, las presiones están entre nosotros constantemente, y aun así, cada vez más observamos muchas dificultades en su gestión, interpretación, implicancias y alcance. Es decir, vivimos en el “modo queja”…


¿Qué es la presión?
La presión es la acción de apretar algo, empujar, hacer fuerza; desde el punto de vista del liderazgo, es la “influencia que se ejerce sobre alguien para determinar sus actos o conducta”. Desde una estrategia de juego, en lo deportivo, es el “acoso continuado que se ejerce sobre el adversario para impedir su reacción y lograr su derrota”. Desde nuestra salud, la presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cada vez que el corazón late y bombea sangre. Si estudiamos la presión atmosférica, es la presión que ejerce el aire sobre la superficie terrestre. Esto implica que la “presión” vive con nosotros; de una u otra manera, forma parte de nuestra biología y de la sabia naturaleza. Por lo cual, no aceptar su existencia es como
querer tapar el sol con las manos. Lo que sí podemos evaluar, analizar y hasta defender son las formas de vivir o llevarnos con las presiones, tanto si ocupo un rol de líder o de liderado.

¿Sirve presionar o estar presionado?
En principio, debemos decir que la “presión” es hija de la exigencia o autoexigencia y nieta de la excelencia. Nos cabe preguntarnos: ¿queremos ser excelentes en algo? Es decir, tratar de ser excelentes padres, con nuestra familia, amigos, excelentes profesionales en el trabajo, en concretar nuestros sueños y proyectos, etc. ¿Tengo realmente claro en qué quiero ser excelente? ¿Qué atención y dedicación le doy a la faceta en la que deseo ser excelente? ¿Qué brecha hay entre lo que “digo” y “hago”? ¿Cuál es mi nivel de compromiso con la excelencia que busco? Entonces la respuesta es que si queremos ser excelentes en algo, tenemos que ser exigentes y, por la tanto, vamos a tener presiones (tensiones) para intentar lograr lo que perseguimos.


Presión funcional y disfuncional
Decimos que la presión saludable y funcional sirve. Es aquella presión en el punto justo, la que logra una tensión justa; como las cuerdas de una guitarra, ni tan flojas porque no suenan, ni tan ajustadas porque se cortan… La presión se vuelve disfuncional cuando la guitarra tiene las cuerdas flojas o cuando se cortan. La tensión justa se logra evaluando resultados y la calidad de vida de las personas. Cuando observamos la presión que ejerce un líder, vemos involucradas sus emociones, tales como: coraje, ansiedad y enojo, entre otras. Cuando lo vemos en relación al liderado, podemos percibir sus miedos, ansiedad, resentimiento y/o resignación. Dicho esto, podemos esbozar que la presión es funcional cuando ayuda a generar lo que usualmente se llama “estrés justo o positivo”. Si no hay nada de presión, la mente tiende a relajarse y, en ese estado, perdemos el enfoque. El líder logra una presión funcional cuando lo que hace es exigir, pedir en el marco de una política equitativa, con el afán de levantar la vara y provocar empuje.
La disfuncionalidad aparece cuando quien presiona está demasiado ansioso o enojado y, en lugar de propiciar un contexto como el que describimos en el párrafo anterior, genera todo lo contrario, tensión, hostilidad o incomodidad.

 

¿Qué nos provocan las presiones?
Desde una mirada de rendimiento y liderazgo, las presiones aparecen cuando tenemos líderes exigentes, que nos sacan de nuestra zona de confort, nos ponen piedras en nuestros zapatos, aumentan el umbral del esfuerzo, esto genera más concentración y desgaste mental. Esto proviene de líderes comprometidos con sus resultados, con metas muy altas, que implican desarrollar una gran performance para alcanzar esos resultados.

Tolerancia a la presión
En términos laborables, decimos que, para llevarnos bien con las presiones, debemos contar con una competencia que se denomina “tolerancia a la presión”, que es la capacidad para continuar actuando eficazmente en situaciones de apremio de tiempo, desacuerdo, pugna o disconformidad. Es la habilidad para responder y trabajar en alto nivel durante contextos de mucha exigencia, sin mostrar vestigios de agotamiento, tanto en lo que refiere a la pérdida de control de la conducta como en sus manifestaciones psicosomáticas (dimensión física). La tolerancia a la presión, por lo tanto, es una competencia que se requiere para trabajar en puestos con mucho enfoque en resultados. Cuando decimos competencia, nos referimos a una característica intrínseca de la personalidad manifestada en un comportamiento laboral.

REFLEXIÓN
Podemos decir que las personas con equilibrio emocional, capacidad de planificación y organización, confianza en sus decisiones logran moderar sus impulsos y emociones –que pueden generar conflicto–, permanecen equilibradas, piensan con claridad y siguen en foco a pesar de las presiones. Las personas con esta capacidad comienzan a controlar el estrés desde el momento en que se inicia la situación conflictiva, son personas pragmáticas que rápidamente encuentran la forma de mejorar aquello que no funciona y salir del modo queja.

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