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Liderazgo: ¿principalmente por necesidad o amor?

2021-11-18 10:54:07

Liderazgo: ¿principalmente por necesidad o amor?


Cuando participamos en un espacio de aprendizaje como consultores con nuestros clientes, independientemente del tipo de organización (empresa, institución deportiva o educativa) y nivel jerárquico que sea, nos interesa conocer qué moviliza a la gente, para qué hace lo que hace y sus motivaciones. En función de esto, hay dos preguntas que nos ubican frente a la realidad que vamos a trabajar:
a. ¿Quiénes de los que trabajan lo hacen principalmente por necesidad?
b. ¿Quiénes, principalmente, aman lo que están haciendo?
Estos interrogantes persiguen el objetivo de identificar dos grupos extremos, los que trabajan especialmente por necesidad y los que aman lo que hacen.

Al identificar los dos extremos, por diferencia, encontramos el grupo del medio, es  decir, aquellos que tienen una combinación de ambas situaciones o algunas indeterminaciones.

Principalmente por necesidad
Cuando hablamos de hacer o trabajar casi exclusivamente por necesidad, nos referimos a aquellas personas que en sus elecciones predomina especialmente la supervivencia humana. Es decir, según la teoría de las necesidades humanas de Abraham Maslow, cubrir las necesidades de orden fisiológico y de seguridad. Dicho de otra manera, es poder ganar un salario que garantice alimentación, descanso, salud, hogar, etc. Sin dudas, las personas que se ubican en este grupo tienen una concepción del trabajo más acotada que la gente que ama lo que hace. Las personas que se movilizan principalmente por necesidad vinculan de manera reducida el trabajo a un salario. Para ellos, el trabajo tiene una fuerte connotación económica y/o de subsistencia.
Este grupo de personas, por lo general, puede cumplir con lo que se le pide, ser responsables y resolutivos en la tarea, pero es muy difícil encontrar altos niveles de rendimiento, pasión y compromiso. El logro de un buen nivel de rendimiento requiere de responsabilidad más actitud con lo que se hace. Es decir, trabajar con responsabilidad es condición necesaria pero no suficiente para mejorar el rendimiento. ¿Dónde radican los desafíos de este grupo de personas? El problema principal se hace muy notorio cuando estas personas ocupan puestos que demandan de mucha pasión, vocación o actitud; como por ejemplo, ejercer una función de liderazgo que requiere de la aplicación y contagio de habilidades blandas. Las destrezas blandas tienen que ver con nuestras competencias y emociones; especialmente, con el cariño y pasión que le ponemos a lo que hacemos. Los roles que requieren de mucha actitud y vocación son los de liderazgo, ventas, comunicación social, recursos humanos, entre otros. Para mencionar algunos de esos puestos, podemos hablar de directivos, gerentes, entrenadores deportivos, jefes, docentes, vendedores, jugadores profesionales, comunicadores, etc. Un error muy común ocurre cuando las personas que ocupan estos puestos llegaron al lugar solo porque representaba una salida laboral. El trabajo es dignidad; por lo tanto, el ejercicio de cualquier labor es muy destacable. Nos estamos refiriendo a ser conscientes de las funciones y lugares con una investidura de autoridad importante, donde la influencia de lo que se transmite es significativa para el desarrollo de las personas a nuestro cargo. En resumen, el
desafío para este grupo de personas, si desea permanecer en el lugar, es el reconocimiento de esta situación porque el receptor del mensaje lo percibe claramente; intentar ocultarlo es tapar el sol con las manos.
En segundo lugar, definir objetivos: qué quiero lograr, qué se espera de mí, para qué hago lo que hago, ser consciente de ello y ver si puedo empezar a querer lo que hago. Se puede llegar a amar lo que uno hace, pero primero veamos dónde estamos parados. El amor es un sentimiento; por lo tanto, requiere de emoción más cognición.

 

Principalmente por amor
Si bien sabemos que hay un número reducido de personas idealistas, que hacen las cosas exclusivamente por amor, en este conjunto ubicamos a la gente que ama lo que hace, pero que, sin dudas, también cuenta con necesidades personales por satisfacer. Igualmente, las características salientes de estas personas son que van construyendo camino al andar, tienen ideas, metas, expectativas y sueños. La gente que conocemos de este grupo está un poco loca –en el buen sentido de la palabra–, es audaz y llena de desafíos. Eligen un camino, hacen una carrera con mucho esfuerzo, se reponen de caídas, saben sortear sinsabores, tienen amor, pasión, irradian energía; comentan a otros lo que hacen, transmiten qué quieren, convencen, son ansiosos. Muchas de estas características se necesitan para liderar grupos, ocupar puestos de alta responsabilidad o jerarquía, y ni mencionar los puestos que demandan habilidades blandas, humanas y sociales. Alguien que tenga
un grupo de personas a cargo –un equipo de trabajo, una clase o un equipo deportivo– tiene que reunir las condiciones mencionadas para lograr un buen rendimiento e impacto. Estos roles no son para personas que vacilan en sus convicciones; lo que no significa, en absoluto, que los líderes no se permitan tener temores o sentirse vulnerables frente a algunas situaciones o momentos. Lo que estamos diciendo es que para ocupar un lugar de estas características no se puede trabajar solo por necesidad porque el liderazgo de hoy en día tiene que ver con la influencia. Y para influir en otros, tengo que ser, en primer lugar, creíble y digno de lograr confianza. Para el ejercicio del liderazgo, no alcanza solo con el saber y los conocimientos. La influencia tiene que ver con
un aprendizaje transformacional, modificación de conductas, incorporación de nuevos hábitos; que a su vez, requieren de mucha perseverancia, voluntad y autocontrol emocional. En este segmento situamos al liderazgo o líder 360º que desarrolla su rol principalmente por amor a lo que hace, más allá de la satisfacción de necesidades humanas propias.
Esto significa contar con vocación de servicio, ayudar al otro, poseer
empatía, despertar confianza en la gente, motivar con la actitud y compromiso con el rol de liderazgo que se despliega. Sin dudas, implica algo
más que desempeñarse principalmente por necesidad. Este segmento
de líderes, inclusive, por momentos, podría atravesar altas necesidades
(por ejemplo, salariales o económicas), pero su rol y vocación están por
encima de todo; saben perder para luego ganar, cuentan con una connotación amplia de lo que implica su trabajo. Es decir, el desempeño de su rol está por encima de sus necesidades.

Y, finalmente, los del medio
Siempre en el medio de los extremos mencionados en cualquier grupo o universo social que se analice, está la gran mayoría. El desafío principal de las organizaciones e instituciones es identificar y gestionar este grupo de personas vacilantes. Aquí radica la principal contrariedad porque este es el grupo de personas que tiene indefinición, está en la zona de confort, posee resistencia al cambio, niega y se mantiene en la incoherencia constante. Los otros dos grupos tienen definición, por las buenas o por las malas; conocemos dónde están parados, y esto permite nivelar expectativas y moderar frustraciones. En cambio, los del medio están en posición de plancha; por lo cual, el objetivo es explorar, pedir reflexión y exigir convicción, especialmente, para ocupar puestos en los que hay que ejercer influencia como líderes. Decimos que este
segmento representa las mayores dificultades por su falta de claridad, por su inseguridad o comodidad; porque se desconocen sus expectativas reales e intenciones. Es preferible encontrar gente en los extremos que genere certidumbre, y luego equilibrar posiciones.

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